LA LUCHA DE LA MAESTRA ARGENTINA QUE ESTUVO NOMINADA AL «NOBEL DE LA EDUCACIÓN» Y CONSIGUIÓ QUE SU ESCUELA TUVIERA ASCENSOR

Hasta este año, acceder a la Escuela de Educación Media Nº2 «Rumania», algo tan corriente para el común de los niños, se volvía imposible para los niños o jóvenes con dificultades de movilidad, porque debían subir escaleras y no había soluciones alternativas tales como rampas o medios de elevación.

Fueron casi 12 años desde que, bajo su dirección, se iniciaron gestiones ante las autoridades para que se instale un ascensor, ya que “durante muchos años tuvimos que llevar a los chicos con sillas de rueda, a upa. La rampa que funcionaba un día y 20 no; el hueco para el ascensor que hacía más de 5 años que esperaba un ascensor», comentó Silvana Corso, la directora de la escuela Rumania.

El proyecto de aulas inclusivas comenzó a partir del 2008, cuando el colegio recibió al primer chico con parálisis cerebral, Luciano. Si bien ya habían pasado dos o tres alumnos con discapacidad, hasta ese momento no existía un proyecto de aula inclusiva. Fue así que, junto al padre de Luciano, la directora interpuso el primer recurso de amparo para tener un ascensor. Luciano hoy está en la facultad, pero el colegio Rumanía por fin consiguió tener su ascensor gracias a la donación de la CAFAC, Cámara Argentina de Fabricantes de Ascensores.

“Yo soy directora de una escuela pública inserta en un contexto de pobreza, muchos de mis alumnos viven en Fuerte Apache. Son chicos que a veces vienen sin comer y cuando de golpe ven a estos chicos que son dependientes de otra persona y pueden valerse en la vida, se dan cuenta de que ellos también. Ya no ven la limitación, sino el coraje que tienen para vivir. Si todos los chicos con discapacidad estuvieran ocupando su lugar en la escuela, toda la sociedad cambiaría. Nuestra escuela es re pobre”, destaca Corso, Magister en Inclusión Educativa y Trastornos del Aprendizaje por la Universidad Central de Chile, especialista en Gestión Escolar y Trastornos del Lenguaje.

La docente asumió la dirección del colegio Rumania en 2008, y desde entonces ha luchado en un proyecto de educación inclusiva que fue reconocido en el 2017 internacionalmente cuando quedó entre los mejores 40 docentes finalistas entre los 20.000 que se postularon de 179 países, para conquistar el Global Teacher Prize 2017, considerado el premio Nobel a la educación. Fue así que la docente fue invitada a la mesa de Mirtha Legrand hizo público el pedido de ascensor y, más adelante, una nota en el diario La Nación, no dejó lugar a confusión, el colegio Rumania necesitaba un ascensor, y sus alumnos necesitaban ser incluidos.

Ese reconocimiento global, hizo que su lucha por mejorar las condiciones edilicias y por lograr una educación inclusiva del colegio se hicieran públicas y llegara a oídos de la CAFAC, cuyos miembros no dudaron en poner cada uno su grano de arena para hacer realidad el tan necesario medio de transporte en el colegio. Inmediatamente, al conocer la necesidad de esta escuela “desde la cámara, a través de cada una de las empresas nacionales que la componen sentimos que podíamos aportar nuestro grano de arena para hacer realidad la instalación del ascensor que tanta falta le hacía a los chicos, para que estudiaran en un edificio con mayor accesibilidad y en un ámbito más integrativo” resaltó el presidente de la CAFAC, Ing. Gerardo Venútolo.

El ascensor donado por la cámara de fabricantes de ascensores fue instalado con tecnología de industria nacional. “Este ascensor se realizó a través del aporte de empresas fabricantes argentinas de componentes y materiales de origen nacional, y cuenta con el nivel tecnológico para atender las necesidades de la demanda, en seguridad y confort que se merecen estos chicos” concluyó Venútolo.
Hoy el ascensor es una realidad y frente a él, uno de los alumnos en silla de rueda, comenta emocionado “para mí es una gran alegría no tener que ser un peso más para mis compañeros y profesores que me subían en las escaleras para ir a mi aula”.

 

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